La mayoría silenciosa, de nuevo.

Insisten. Insisten de nuevo en argumentos vacíos y reiterados que apenas llenan el momento de la declaración, palabras que permiten escapar sin vergüenza y sin prestancia alguna en el momento de obligada exposición pública. El esperpento acostumbrado, cargado sobre su espalda ya en forma de una inmensa joroba deforme.

Incapaces, aparentes ciegos que además de no querer ver, se presentan provocadores, conscientes y seguros del resultado que su habitual suficiencia suscita.
Su soberbia se intuye como debilidad en este caso, su miedo es más evidente que nunca.

1Un lamento que no es una condena es otro tipo de silencio, señor Ministro.

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