La evidente satisfacción de que las cosas están donde quieren… (II)

Hace algo más de un año, en febrero de 2012 y con motivo de la presentación de la Reforma Laboral, escribí un post con el mismo título con el que empiezo hoy (sería la versión I, aunque en  aquel momento no pensé que sería necesario actualizarlo con una versión II), pero es que el artículo que José Mª Pou escribe hoy en El Periódico de Catalunya me hace ver que es necesaria una actualización, o más bien una insistencia actualizada en explicar que esa suficiencia manifiesta, esas risas que nos ofrecen sin rubor, son consecuencia de la inmensa satisfacción de que las cosas están donde quieren, donde siempre pretendieron, donde con su descarnada estrategia planificada a conciencia siempre consideraron fundamental llegar.

Cabría decir que, con el añadido en esta ocasión de un año más después de aquella reforma, con innumerables gestos y actitudes obscenas expresadas en este tiempo, con la realidad de una situación aún más complicada y perversa y con la actitud encogida de una ciudadanía aún más perpleja y definitivamente nula en su capacidad de reacción … les daría sin lugar a duda serios motivos incluso para la carcajada.
De momento, aún no son capaces de expresar esa carcajada en público, aunque las risas en cierta forma contenida expresadas por momentos en la comparecencia de ayer, da que pensar que en privado, las reuniones de esta gente deben de ser una auténtica fiesta rebosante de confeti …

Un año después de aquella singular comparecencia de Bañez y Santamaría llena, plagada de risas y de autocomplacencia y en la que presentaron una Reforma Laboral que nos ofrece los resultados que tenemos 14 meses después (más de 6.200.000 parados), la actitud que pudimos ver ayer en la comparecencia de Santamaría, De Guindos y Montoro, contenida y mucho más nerviosa en un principio, no tardó demasiado en mostrarnos de nuevo esa inmensa capacidad de expresar una incontenible satisfacción con motivo de unos resultados y unos datos, que, viendo la disparatada credibilidad que se han venido ganando sus señorías, y recordando el rigor de sus previsiones y declaraciones, más bien deberían haber provocado una carcajada generalizada, de no ser porque la situación no debería animar a frivolizar con este tipo de realidades.

Pero ellos exhiben risas, risas más o menos contenidas y después de los primeros minutos incluso relajadas porque el periodismo presente en la comparecencia no tuvo ni la más mínima capacidad (en muchos, demasiados casos intención) de comprometer esa autocomplacencia mostrada por los ministros, incluso con algunos datos que ellos mismos dieron y que evidencian una perversión manifiesta. No tenemos nada más que recordar el dato del paro previsto asumido para 2015 de un 25,8%, apenas unas décimas menos que el que se confirmó el pasado jueves, víspera de la comparecencia.
Lo que provoca esta realidad es resignación, a trabajar en negro y en precario si es que puedes y el miedo a lo que pueda pasar por parte de los que aún trabajan. Es la receta perfecta, para qué cambiarla. La asumen sin pudor, lo hacen público y sonríen.

Es tal la cantidad de fango que rodea a esta gente que nos gobierna, es tal la cochambre que nos ofrece … que ríen, ríen sin pudor alguno, y seguirán riendo, conscientes de que tal actitud y semejante suficiencia política, no provocará reacción alguna, la sociedad está demasiado asustada (y aún en alto porcentaje mantiene ciertas prebendas que acentúa el miedo a perderlas) como para plantearse algo serio. El dato del paro que asumen se mantendrá durante toda la legislatura es herramienta perfecta para que el miedo siga inmovilizando conciencias.

No hay respuesta aparente social a una estrategia de constante manipulación, de oscurantismo y de tergiversación de los datos, de sus reales intenciones ocultas en manidas y populistas declaraciones, de las noticias y las realidades manoseadas que muestran los medios de información públicos. No hay respuesta a una provocación calculada, hiriente y continuada, con calumnias gratuitas y con propuestas y actitudes políticas que traspasan sin pudor las líneas de la ética más básica y elemental. Seguirán riendo porque su moral no les impide seguir con sus cargos y sus supuestas responsabilidades (para con quien ellos saben y tienen muy claro), a pesar de que las hemerotecas y los vídeos de sus intervenciones en Internet les deje en un ridículo tan inmenso y evidente, que la suficiente constancia que queda de que la vergüenza se ha convertido en pura insolencia y desfachatez, no es motivo de preocupación en absoluto. Probablemente, eso incluso les haga reír más.

Rieron, y ríen a placer, excepto cuando unos parados organizados irrumpieron en unos supermercados para abastecerse de comida básica … Si, no ignoro y no se me olvida que varios ministros salieron inmediatamente en todos los medios a censurar de forma vehemente el hecho. Entonces no reían, entonces su rictus era otro bien diferente. Y es que por lo que se ve, son también bastante conscientes de lo fácil que sería que su castillo de naipes cayese con un leve soplido. La pena es que la ciudadanía no sea tan consciente también de esa debilidad y solamente se organice con la continuidad necesaria y en condiciones únicamente por cuestiones de absoluta desesperación como son los desahucios o por cuestiones de puro y simple dinero, como son las preferentes. La sanidad y la educación, la dependencia (la gran ignorada, la gran olvidada), el sistema de pensiones, el acceso a una justicia para ricos inaccesible para pobres, la criminalización de los que se movilizan, de los que pretenden informar … merecerían también la atención y la implicación ciudadana con la continuidad necesaria, algo que no sería otra cosa que apelar a la responsabilidad que como ciudadanos todos deberíamos asumir como parte fundamental de ese estado del bienestar que se fue construyendo en tantas décadas de sacrificios y de lucha social.

Seguimos alejados de esa conciencia. Por eso ríen, porque saben que el miedo que siembran atenaza las respuestas. La realidad actual es el perfecto caldo de cultivo para alcanzar sus pretensiones y aplicar sus políticas. El futuro que proponen, sin duda, también. Su satisfacción debería entenderse como lógica, no son incompetentes, son francamente perversos, acólitos sumisos, eficientes servidores de intereses que incluso a ellos mismos superan de forma inmensa. O sea, en realidad, unas simples piltrafas francamente eficaces y aplicadas en su cometido. No nos equivoquemos.

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