BIUTIFUL y la Web 2.0

BIUTIFUL y la Web 2.0

He estado viendo “Biutiful” en el día de su estreno, una película esperadísima por mi parte. Iñárritu nunca me deja indiferente, es duro, durísimo ver sus películas, consigue aplacarte contra la butaca, pero está claro que es lo que pretende; sentimientos, dolor, situaciones límite que bordean lo irreal, amor, necesidades…  además de mostrar en esta última determinadas realidades tan cercanas como terribles de este mundo que cada día siento más complejo, vertiginoso y de oscuro e incierto futuro.
Es la primera vez, de sus películas que he visto (me falta la primera, “Detrás del dinero”), en la que la trama es convencional. Poesía en unos mirlos volando, la muerte vista y sentida por un mexicano (los mexicanos tiene un excepcional y particular concepto de la muerte, una relación con ella que implica una naturalidad en sí misma excepcional, lean a Jaime Sabines), la muerte en vida y la muerte vivida al final, expresada en el paraíso blanco más bello que jamás he visto. Iñárritu nos da siempre motivos para la esperanza, finales que nos permiten respirar, después de dos horas y media largas de sentimientos, de dramas, de dureza no gratuita y de vidas luchadas y peleadas a dentelladas, cada día, a cada rato, en cada película suya.

Acabo de hacer un curso para optimizar las posibilidades de mi pequeña empresa en lo que ahora se llama Web 2.0, un nuevo mundo lleno de reales posibilidades para la comunicación, optimización de la publicidad, de captación de posibles clientes, de maravillas tecnológicas vendidas de una forma realmente profesional y seductora, y que además, está demostrado, funcionan. Twitter, Facebook, Foursquare, Linkedin, Youtube Twenty, Google Analytics…
La tecnología, el peso de la seducción ya absolutamente impositora de la imagen y la pantalla, expresada con elocuencia por César Antonio Molina en el texto anterior .
El profesor nos quiso vender este “paquete maravilloso” de innumerables formas, y dio algunas clases de pragmatismo empresarial ciertamente acertadas, pero hay una cuestión que me chirría, me provoca un cierto desconcierto, “Internet nos hará libres” dice él en el encabezamiento de su blog. Ya en la primera clase, me provocó una reacción de rechazo, y me planteaba desde el inicio: “Realmente… ¿A quiénes?” Está claro que no a todos, y, además, ¿Se entiende por libertad la imperiosa necesidad de emplear toneladas de tiempo en cuestiones que por muchos resultados que den, implacablemente nos van a esclavizar más?

Realmente me siento como Usmán, el protagonista de la película de Iñárritu, acorralado por unas circunstancias de las que absolutamente ya no puede escapar, y que, sin compartir lo que hace (sobrevive con una trata de inmigrantes sin papeles), se resigna y lo acepta para vivir y sacar adelante a sus 2 hijos. No tengo una situación tan desesperada, pero siento en cierta forma mis circunstancias también imperiosa, extraordinaria y mezquinamente preparadas para “organizarnos” nuestras vidas (foursquare llegará en un futuro a localizarnos continuamente con nuestros móviles). Supongo que tendré que pasar por el aro, como Usmán, está cada vez más complicado eso de luchar contra el sistema, pero que no me vengan vendiendo motos para tratar de convencerme de “las ventajas de las redes sociales y la Web 2.0” aplicadas a una empresa, especialmente porque, para que estas redes sociales tengan una funcionalidad empresarial y una rentabilidad, es necesario que millones de personas sientan la necesidad de crear y de poner en un perfil sus gustos, preferencias, informaciones personales y demás cuestiones que hagan útil para las empresas todos esos datos e informaciones. Realmente o socialmente, como prefieran, en mi opinión un sorprendente despropósito (me quedo con César Antonio) utilizado de una forma absoluta, excepcional y pavorosamente profesional.

Es fácil acusar a Iñárritu de tremendista, la película apenas tiene algún momento de respiro, hasta llegar a ese paraíso blanco, pero cito textualmente cómo justificaba la dureza de la película su autor:

“Cuando se habla de que esta película quizá habla demasiado de la miserabilidad, yo no entiendo o no puedo…, no puedo yo “pasteurizar” un tema que contiene estos grados de tragedia y de dolor y de realidad, y que la gente se niega… a mirar”

No sé yo si Internet y muy especialmente el mundo de las redes sociales nos hará más libres, no lo creo realmente, pero sí mucho más insensibles, lamentablemente pegados a una pantalla; la insensibilidad creciendo a niveles insospechados de forma galopante.
Esto es lo que más puedo reprochar del curso que di y a su profesor, en ningún caso se habló o se planteo las posibles consecuencias negativas de semejantes y vertiginosos cambios, pero claro, ¿Cómo iba a plantear este tipo de cuestiones un profesor que presumía de haber escrito un twit a “Gallina Blanca” para agradecer sus sopas porque estaba resfriado… y se quedaba encantado de que le contestaran recomendándole sus “sopas de la abuela”? Bueno, pues el profesor en cuestión ha sido recientemente Director de Nuevas Tecnologías del Gobierno de navarra …

De todas formas, a pesar de provocarme una reflexión que me invita a ser extraordinariamente prudente con estas cosas (especialmente con el uso en los niños y/o adolescentes, mi expareja tiene un niño de 7 años) el curso fue práctico a nivel empresarial,  y evidentemente me abre unas expectativas para mi empresa que no conocía, además de un debate interno que trataré de llevar de aquí en adelante.

(El post fue escrito en Noviembre de 2010)

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Una respuesta a BIUTIFUL y la Web 2.0

  1. Interesante reflexión. Desde el punto empresarial poco importa los sentimientos si esos no va a producir una necesidad o provocar un invento para ser vendido posteriormente. Bajo la idea de si no haces nada malo, nada tienes que ocultar, y así llevaremos a vendernos totalmente sin tener nada más que nuestros bolsillos a cambio.

    Creo en la necesidad de interconectarnos, informarnos pero la privacidad no está ni debe estar reñida. Y si se oculta la identidad o nuestro datos no es por que tengo cosas que ocultar es porque no tienen que importarle a nadie. Que complica las ventas es probable pero hasta ahora las empresas no lo han necesitado, no tienen por qué necesitarlo ahora, salvo si así lo deseemos.

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