Los ojos de María

La semana pasada, estuve visitando la exposición de Antonio López en el museo Thyssen Bornemisza. Hacía tiempo que pensaba en la posibilidad de organizar el viaje, me apetecía mucho ver esta exposición, era la excusa perfecta para bajar a Madrid y pasar un par de días con dos amigos que son muy queridos.

El caso es que he de decir que, aunque en cierta forma la exposición me había generado mayores expectativas, sentí una gran atracción con algunas obras puntuales que se mostraban; la emoción justifico el viaje, el encuentro con los amigos, también.

Conocía algún trabajo del pintor, aunque siempre me sedujo de forma más especial la persona, esa imagen introvertida de la que con facilidad podemos intuir una soberbia honradez, la mesura de quien mediante un trabajo extraordinariamente minucioso en su forma y en ocasiones brutal en sus consecuencias (en algunas obras sólo definitivas de momento), es capaz de abrumar de forma muy profunda.

María fue una emoción larga y sentida. Los ojos de una niña de 10 años, esa mirada, y la mano de un padre, imagino con emoción profundísima y serena; una punta de carbón entre los dedos, el tacto del papel … elementos simples y tan rotundos puestos en un contexto concreto para provocar un ejercicio de complicidad y de amor emocionante, sublime.

Un viaje y una mañana de pretendidas emociones encontradas en esos ojos hipnotizadores.

¿Cómo hay que llegar a querer a alguien; cómo, en la forma, se puede llegar a querer a alguien en ese día a día compartido, para que con solo 10 años, pueda llegar a  transmitirse una mirada así, con ese aplomo, esa rotundidad, esa serenidad, esa complicidad de modelo seria, quieta, callada, orgullosa de lo que con su padre compartía?
Un simple trozo de carbón en la mano de alguien con la capacidad de provocar esa mirada, esos 10 años imagino plenos de momentos y sobre todo de amor, amor traducido y dibujado en esos ojos de forma veraz;  amor generoso, amable, rotundo, ofrecido desde los leves movimientos de un lápiz compañero, amor que se muestra compartido y ya en esos ojos se siente eterno.

Traje conmigo una de sus 150 “Marías” (una de las 150 estampaciones digitales registradas, limitadas y firmadas por el autor, la nº 23), un privilegio para en ocasiones tener la oportunidad de imaginar, pensar, meditar sobre lo que debe haber en el interior de un hombre para provocar semejante muestra de sensibilidad.

Los ojos de María, la intención de representar y fijar el cuadro en esos ojos, porque ni siquiera las manos importaban para la complicidad del momento…  (en el cuadro completo, cortadas, apenas son unos simples trazos); imagino continuas miradas entre modelo y pintor, entre hija y padre, silencio y tiempo cómplice … amor en blanco y negro, lejano y presente, eterno ya en ese dibujo, trazo elegante de básico carbón negro y profundo hecho sentimiento desde la sensibilidad de un hombre que justificó un viaje a Madrid y esta mañana de letras y sentimientos.

P.D. Cuando escribí este post, no era consciente de que Antonio López estuviese tan dispuesto a aceptar pintar los encargos de políticos de alta alcurnia a cuenta del dinero público, 190.000€ por el retrato de Álvarez Cascos, además de algunas otras obras más encargadas con dinero público de cuantías muy superiores … No sé, está en su derecho, no faltaba más, es su caché… pero algo hay que no puedo evitar que me chirríe …

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s